Manuel Avilés
Por ti me juego la salvación
Carmen Posadas: «Amor y muerte en la novela de Manuel Avilés, con todo el talento que le es propio. Por ti me juego la salvación no es solo una frase, sino toda una declaración de intenciones»
Un narrador, abogado de oficio y exmiembro de las fuerzas de seguridad, inicia un viaje en tren desde Alicante hacia León cargando un revólver Smith & Wesson. Bajo la excusa de mediar en una compleja disputa hereditaria, el protagonista emprende una travesía introspectiva marcada por el cinismo, el hastío vital y el análisis de sus relaciones personales fallidas. La obra entrelaza una narrativa de trasfondo negro con reflexiones críticas sobre la condición humana, la convivencia y la soledad, empleando un tono ácido y autorreferencial que cuestiona la línea entre realidad, literatura y memoria.
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Sobre el autor
He disfrutado durante cuarenta años en las cárceles españolas. Desde los grandes motines carcelarios de 1977 hasta la desintegración de la banda terrorista ETA, recorrí mil y un destinos, siempre en puestos cada vez más incómodos que el anterior. Ninguno tan frustrante, decepcionante y oscuro como el de director del Psiquiátrico Penitenciario de Alicante. No por los enfermos, sino por algunos que, en teoría, debían trabajar allí pero se dedicaban a otras cosas.
Dirigí las cárceles de Nanclares de la Oca, en Álava; Picassent, en Valencia; y Palma de Mallorca. Durante años, junto a Antonio Asunción y Juan Alberto Belloch, trabajé en la lucha contra el terrorismo etarra. En todo este tiempo, aprendí a valorar a la gente honesta, trabajadora y fiel.
No odio a nadie porque la vida es demasiado corta para perder el tiempo odiando. Pero desprecio a los vagos, a los que se pasean con un folio en la mano fingiendo que trabajan. A los pelotas, a quienes son sumisos ante el poder y, al mismo tiempo, rígidos y autoritarios con los débiles. A los trepas que hacen política de pasillo, a los correveidiles y a los farsantes. A los que difunden intrigas y rumores maliciosos con fines interesados. A los cobardes. A los que roban a los pobres. A los meapilas, y a esos obispos y curas que faltaron a clase el día que explicaron a los profetas y se acomodan junto al poder para vivir como Dios, sin que Dios haga nada por liquidarlos.
La vida es demasiado corta para no hacer lo que te gusta y para no dejar que tu perro duerma en tu cama. Me jubilé —convencido de que lo merecía— para dedicarme a las motos y a la literatura, dos actividades que intento usar como blindaje contra la decrepitud. Eso hago, y que llegue La Parca cuando no quede más remedio.
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