No hay leyes para escribir
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Un libro que te acaricia: Pergaminos de alma

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Muy de vez en cuando surge un libro capaz de reconciliarnos con la vida. Uno de estos afortunados casos es el que ahora nos ocupa. Ana Mancheño, conocida literariamente como Ana Lesman, nos ha regalado una obra que llega de forma rápida y certera a lo profundo de nuestra alma. Sin que sirva de precedente, vamos a permitirnos tomar prestadas unas palabras del profesor Ramón Reig (también celebrado autor en Samarcanda), publicadas en elcorreoweb.es, acerca del acto de presentación del libro de Ana. Mejor guardamos silencio y leamos al profesor:

“El alma es del color que tú quieras pintarla”, dice Ana Lesman con su natural humildad de mujer hipersensible que vive por dentro pero respira bien hondo el aire exterior. Ayer presentó su primer libro, Pergaminos de alma (editorial Samarcanda) en la Librería Isla de Papel, en la Puerta Osario. El presentador de la obra, el periodista y escritor José Manuel García Otero, depositó el libro en la palma de una de sus manos, lo elevó levemente y lo definió con pocas palabras: “Aquí tienen ustedes un barquito lleno de abrazos, de besos y de caricias”.

Tal y como están las cosas, entrar en esa isla de papel para hallar sólo el sonido de la prosa poética y de los versos de Ana es todo un reposo en la batalla del vértigo diario. Es el primer libro de Ana que estudió periodismo y ahora estudia derecho. Afirma que necesitaba ponerlo en nuestras manos y ha acertado como aciertan todas aquellas personas que se lanzan a decirles a sus amigos, a sus familiares, conocidos y admiradores: “aquí tenéis mi alma, sin complejos, porque hay en este mundo demasiados superhéroes y a mí no me importa aceptar que mostraros literariamente mis adentros me vuelve grande y noble”.

Eso parece que nos quería anunciar Ana Lesman en el bautizo de su primera criatura de carne, alma y papel. “Quiero saber si tu conciencia aún duerme aferrada a mi perfume”, escribe Ana. Uno de sus lectores le apunta en su web que lamenta que sufra tanto, que le cante a un amor que ya no tiene ni le corresponde. Tal vez esa persona no sepa que se canta lo que se pierde, es cierto, pero al cantar se expulsan las penas del alma: llorar, reír o entonar una canción son las mejores terapias ocupacionales. Las emociones son tan necesarias como la razón, gracias a ellas no nos hemos extinguido como especie, la poesía es un alma cargada de futuro, podemos afirmar, cambiando sólo una letra de la frase de Gabriel Celaya, arma la trocamos en alma y ya tenemos alma para deleitar a los demás y arma para defenderse de las mediocridades y de las debilidades que hoy –paradójicamente- aparecen en forma de héroes que siempre suelen enseñarnos lo mismo, por muy positivos que nos los presenten: la violencia y la muerte. Ana nos muestra con palabras sosegadas la tormenta que circula por sus entrañas, se sienta inquieta frente a nosotros y nos dice: os presento a mi corazón herido, cansado, y al antídoto para su hastío: la poesía. Escuchadla si os place.