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Llega el libro que tiende un puente entre La Habana y Miami

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¿Quiénes son, cómo viven y qué piensan de sus 60 años de separación los cubanos de la isla y los del exilio político y económico de Florida? Un nuevo libro, Entre La Habana y Miami (Samarcanda), de los periodistas Eduardo del Campo y Juan Castro Olivera, retrata una de las sociedades más divididas y apasionadas del mundo, la cubana, a través de decenas de historias en un contexto de transición del régimen comunista que fundaron Fidel Castro, su hermano Raúl y el Che Guevara.

Por sus capítulos, acompañados de fotos, desfilan cinematográficos testimonios como el del balsero Raúl Tamayo, que llegó al Cayo Marquesa nadando con su mujer a la espalda y con su carné de identidad cubano como única posesión, metido en un condón como si fuera un tesoro para que el agua no lo estropeara, pues era su salvoconducto para pedir asilo; el del coleccionista de arte Roberto Ramos, que salió una noche de Cuba con sus cuadros escondidos en un bote y porfió con los guardacostas estadounidenses para que salvaran las obras de arte también, o los de Leonardo y Betty, una pareja de profesionales separada por la distancia pero que, a tono con los nuevos tiempos globalizados, se mantiene unida por skype.

En su libro-reportaje, elaborado sobre el terreno en un viaje de ida y vuelta entre Miami y La Habana, los autores dan la voz a cubanos que reflejan los diferentes puntos de vista que hay en las dos orillas del estrecho de Florida, el brazo de mar de 150 kilómetros que separa –y que une– Estados Unidos y Cuba. Una orilla es la de los exiliados y emigrantes que, desde el triunfo de la Revolución hace 60 años, han escapado a Miami en sucesivas oleadas, a menudo para no volver nunca más. Otra orilla, al sur, es la de los que resisten en el último régimen comunista (o “democracia popular”, según sus defensores) del hemisferio occidental, algunos de los cuales sueñan con irse también.

En medio de esa dicotomía fronteriza e ideológica, los periodistas se encuentran sin embargo con personajes que están contribuyendo a romper los esquemas, como Míchel, un hijo de exiliados que ha vuelto de Estados Unidos a La Habana para hacer fortuna con el nuevo turismo estadounidense.

Entre La Habana y Miami, que lleva por subtítulo Cubanos de las dos orillas, tan cerca y tan lejos, refleja la tremenda fractura social de la isla, encarnada en el destino trágico de los exiliados que han muerto sin cumplir su sueño de regresar a su tierra, como recuerdan que le ocurrió al revolucionario y luego disidente Huber Matos. Pero el libro comprueba, además, que “la reconciliación entre los cubanos de dentro y de fuera está más cerca que nunca, pues así lo desea la mayoría”, según dicen sus autores, que han pretendido “que sus páginas sean un antídoto contra el veneno del odio que destrozó a tantas familias”.

El periodista y escritor español Eduardo del Campo señala que han buscado “destilar un relato coral que sea a la vez una fiel instantánea de la Cuba de hoy de dentro y de fuera de la isla, y un cuadro atemporal sobre la aventura, el dolor y la nostalgia de sus emigrados y los que quedaron atrás”. Como prueba de que con su viaje han querido ir más allá de bandos ideológicos para ofrecer una visión crítica pero matizada, Del Campo apunta en su prólogo al simbólico hecho de que la nieta mayor de Fidel Castro haya puesto su grano de arena a la distensión facilitando a los autores contactos con amigos que viven en Miami y La Habana.

El libro llega, “sin parcialidades, en el epílogo del gobierno de los viejos guerrilleros, y en plena transición hacia una nueva generación de poder en Cuba”, dice por su parte el coautor Juan Castro Olivera, periodista argentino que dirigió la oficina de la agencia de noticias AFP en Miami y que con este viaje ha cumplido su deseo de conocer al fin la capital cubana, después de que el gobierno de Castro lo vetara en 2011 para hacerse cargo de la oficina de La Habana.

“Deseadas y odiadas por igual de un lado y otro, La Habana y Miami parecen ciudades hermanas. Peleadas a muerte por disputas familiares, por viejas heridas y rencores políticos, por herencias despojadas, intrigas, ausencias, amores rotos y pasiones ahogadas en un mar bravo”, dice Castro Olivera, que agrega que el libro une las dos capitales “con testimonios sobre cómo viven los cubanos aquí y allá. Cómo sufren la falta de oportunidades, no poder soñar sin límites. Y cómo los lastima la distancia forzada con lo más querido: la pérdida de los que se fueron y se los llevó el olvido, buscar y no encontrar los aromas propios en las calles”.

El libro lo publica Samarcanda, con sede en Sevilla, cuyo director editorial, Daniel Pinilla, es un gran conocedor de la realidad cubana, tanto como autor del libro de viajes Hasta el mojito siempre. Viaje a la Cuba eterna en las ¿postrimerías? del castrismo, como, en su faceta de editor, como difusor de su literatura, a través de la editorial hermana Guantanamera, especializada en publicar a escritores cubanos que viven en la isla.