No hay leyes para escribir

El orgullo de ser escolapio

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Quizás muchos no sepan que el origen de las llamadas Escuelas Pías se encuentra en el altruísmo de un religioso, a la postre santo, que decidió ir a la vanguardia de su época y fundar una escuela que diera servicio a los niños pobres de Roma, donde estaba destinado. Ese santo es San José de Calasanz y su herencia ha cumplido 400 años.

Los ex alumnos del Colegios Calasancio Hispalense de Sevilla se han unido para parir un libro coral que homenajee el sentido escolapio de la vida.

La idea de hacer este libro se gesta entre los organizadores del encuentro de antiguos alumnos del colegio Calasancio Hispalense en el que se disponían a conmemorar el cuarto centenario de la fundación de las Escuelas Pías. Esta recopilación de textos eclécticos no tiene ningún afán de adoctrinamiento, ni siquiera de hacer proselitismo de la encomiable orden que puso en marcha San José de Calasanz en 1617. El único hilo que une estos desinteresados escritos de tan diversa extensión, estilos y procedencia es el afecto, el cariño y, cómo no, la nostalgia hacia la institución docente en la que se formaron sus firmantes. Más de veinte autores de diversas generaciones nos dibujan su visión de un colegio que pasó en 1974 de su ubicación en pleno centro de Sevilla a la barriada nazarena de Montequinto. Estas páginas recogen testimonios de alumnos que sólo conocieron el entrañable, misterioso y bello, a la vez que vetusto y destartalado, edificio de Ponce de León, así como de otros que tuvieron la experiencia de vivir el traslado al situado camino de Utrera -luminoso, funcional y más acomodado a los nuevos tiempos- y de algunos (también de algunas) que sólo se formaron en este último.